Desde
hace algunos años se siente una efervescencia creciente de la danza en
México, impulsada por una nueva generación de coreógrafos y bailarines
que abrían brecha cuando ya casi todo estaba repartido. Esto ha sucedido
por varios factores. Por un lado, se entiende que el poder creativo es
de quien esté dispuesta(o) a asumir la responsabilidad de hacer arte y
por el otro, la especialización de las artes (que no la especificidad)
ha perdido credibilidad. Entonces, es esta generación la que se inclina
por producir diálogos y posibles reflexiones entre ellas.
Y está que arde. Como casi siempre, quien se legitima pasa de ser un
artista a un archivo casi muerto. La necesidad de continuar con los
mismos mecanismos de producción, recursos escénicos y coreográficos
–¿estilo propio o encasillamiento?– es triste, pero tolerable. Lo
intolerable es que quien canoniza esos clichés y los perpetúa decide que
todo fuera de ellos es inadecuado. El fósil determina. Hay otros casos
igualmente desafortunados, en los que el artista, en algún momento
considerado innovador, busca con cierta desesperación mantenerse a
flote. Aquí los mecanismos de producción son iguales, pero hay un
ingenuo esfuerzo de maquillaje: luces estroboscópicas, sinopsis
complicadas, recursos "innovadores". Igual que a los anteriores, una
cierta actitud de autoridad los imposibilita. Se ahogan, temen, los
mayas lo sabían, 2012.
Hay
una generación entera parada en la cima de una roca, contemplando ese
panorama apocalíptico. Observa, analiza y produce, nunca se detiene y, a
la vez, hace muchas pausas ontológicas, existenciales. La generación
articula a través del tiempo, la misma frase que alguna vez articulara
Mao: “Todo bajo el cielo es caos absoluto. La situación es excelente”.
La situación está de pechito
para generar movimiento –en el vasto sentido de la palabra– nuevos
foros, festivales, espacios no institucionalizados, que buscan facilitar
las conexiones entre una multiplicidad de artistas distintos,
interesadas(os) en una nueva manera de producir públicos. Y también las
instituciones quieren danza. Es el caso del presupuesto otorgado por el
Crédito de Hacienda y Erario público para 2012 en el que se han
destinado recursos económicos de hasta 50 millones para la danza; un
Centro de Producción en Danza Contemporánea (Ceprodac) que está ahí para
que la comunidad se arriesgue (ojalá suceda pronto). Tan sólo en el
D.F., tanto el Centro Cultural Tlatelolco, el Centro Cultural España, el
Museo Soumaya, el MUAC, hasta las galerías quieren danza, y recién esta
disciplina empieza a enterarse de que hay mucho que se ha hecho en el
ámbito del arte contemporáneo, y que tal vez ahí tiene algo que decir,
desde la corporalidad, desde lo vivo y la proximidad entre el performer y el espectador, desde la acción polifacética y multidireccional.
¿Cómo aprovechar entonces ese boom, ese impulso, esos incentivos económicos sin ser nefastos hacia la creación?
Mientras a nivel nacional se promueve la danza contemporánea bajo el
formato de un concurso (Ópera Prima, ¿el colectivo?) en el que se asume
que la creación de un intérprete puede ser "calificada"; en el que los
coreógrafos participantes parecen no tener ningún inconveniente en que
sus obras se limiten a una misma disposición escenográfica (pantallas
con proyecciones gigantes) y a un limitado lapso de creación (5 días).
Mientras tal formato homogeneizante, nada propicio para la creación e
investigación coreográfica, tiene ocupados a muchas/muchos de nuestra
comunidad; hay otros que optamos por invertir la energía en promover
actividades y encuentros que apuntan a una colaboración real. Una
colaboración que no busca ser efectiva en términos de la inmediatez,
sino que busca y ahonda en otras maneras de organizarse y comunicar.
Hay espacio para todos. Nos queremos mucho. Nos criticamos mucho.
Revisamos la Historia. Desautorizamos la crítica decimonónica. Buscamos
otras maneras de entender la coreografía, la danza, las relaciones de
poder, la autoridad, la repartición de bienes, los contratos económicos
entre colaboradores, los protocolos de trabajo, de producción, la
palabra creatividad. Somos amigos, personas normales, somos aterradores
porque no estamos atacando a nadie. No queremos puestos en el gobierno,
sino cambiar el mundo. Estamos difícilmente de acuerdo en muchas cosas y
tenemos poco diálogo, pero sabemos que, como alguna vez dijo Esthel
Vogrig citando a Carolina Silveira, reinterpretando a Aristóteles: “El
tiempo es éste, el espacio es éste, y la acción es ésta”.
Así, desde la acción tanto escénica como organizativa buscamos que a
través del cuerpo se haga visible otro tipo de espacio social. Donde el
cuerpo no es solamente un objeto de creación, sino, como dijo Óscar
Cornago: "un espacio en el que lo biológico y lo social, lo natural y lo
político, se manifiestan al entrar en conflicto".
--------------- Acerca de los autores:
Colectivo A.M., apasionados por la historia, defensores y críticos.
Cada integrante tiene un proyecto propio (coreográfico/ interpretativo/
teórico), pero en A.M comparten una plataforma para intercambiar y
negociar, cuestionar resultados, proponer actividades académicas y
trabajar en torno a lo escénico como Mexican Dance (2011) y 1940: La
Coronela, punto de partida (2012). Actualmente realizan la publicación
Recetario Coreográfico. http://colectivoam.wordpress.com