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Lectura performativa - Instalación coreográfica visual y sonora

Creación en curso de Nadia Lartigue y Katia Castañeda,
En colaboración con Rodrigo Araya (Chile),Gracia Fernández (Chile) y Bárbara González (Chile).
Próxima residencia de creación LA NAVE (Santiago de Chile, septiembre 2025)

    Del Polvo

 


Partimos del caos y nos vinimos a menos. 

Así empieza el poemario de un querido amigo (F.R.).

Se elevaron por los aires, se juntaron por un tiempo, se entremezclaron de miles de maneras, para eventualmente posarse un ratito en algún lugar, junto, arriba o debajo de otras.

Y luego, volver a volar un rato. O ser arrasadas por la estampida de un trapo ingrato.

 

Imagino la posible organización de una polvareda, constituída por heterogéneas partículas provenientes de muy diversos sitios.

En el aire, los polvitos parecen tener una personalidad alegre; distinta a la que adoptan cuando están en reposo. Parecen tener una capacidad de autoorganización rebelde. 

 

FRONTERA

MIGRACIÓN

 

El polvo es un pueblo que se instala de manera temporal en un lugar ajeno. Un terreno que se desliza y se posa frágilmente sobre otro terreno. Se deposita sobre un espacio como un velo; una pelusita. Un eterno migrante. Basta un soplo para emprender el desplazamiento. El polvo pertenece al club de las desarraigadas.

(R.N.): “una entidad nomádica real, que migra a otros lugares, haciéndose desaparecer a sí misma como por arte de magia, como un suelo ilusorio, un Estado fantasma.”

Un territorio de polvo trasladado podría llamarse tierra?

Para el polvo un límite siempre es móvil; sus límites se hacen borrosos. Allí se erosionan las fronteras del Estado, su horizonte y sus puertas. ¿Qué es una tierra si se mueve la tierra? 

¿Qué tan sólida es la tierra erosionada y en suspensión?

 

“En Oriente Medio, el tiempo no se mide por el reloj, se mide por el polvo”.

 

El polvo es un alien, de densidades variables y ambiguos colores, dispuesto a la suspensión del espacio. Y del tiempo.

 

Extracción y exterración

—-—-

Volátil e inasible. 

Como un mosquito chingaquedito, inatrapable. 

Como la guerrilla en la sierra, pero en seco. 

Como la arena en el desierto, pero en el exilio.

¿Es acaso el vientecito del desierto el que trajo la arena para colocarse sobre tus muebles de la colonia Portales?

Si el desierto del Sahara cruzó el Atlántico y llegó hasta la selva Lacandona a fertilizar la tierra, ¿cómo no va a llegar un pedacito del Desierto de Altar a acariciar esa mesita de formaica que tanto te gusta, sobretodo cuando brilla con el reflejo de la luz de tu ventana? 

Se traslada la tierra, se sobrepone como una película fina de franela y acaricia suavemente esa superficie dura y fría. Está en curso de composición y descomposición al mismo tiempo. Así como conserva, también corroe (carcome).

 

—

Pronto empiezan los vientos de febrero.

—

EL VOLCÁN

 

[Es bien sabido que cuando el volcán Popocatépetl exhala sus cenizas y se deposita sobre los carros de la Ciudad de México, los cholultecas se forran los bolsillos de dinero vendiendo costales de sagrados abonos. ¿Es el polvo un pedazo de piedra? ¿Son las tripas del volcán?]

Siento que aquí, el polvo siempre acaba siendo gris. A diferencia de la tierra. ¿Es ese gris el color del desgaste? O ¿es una estrategia de disimulo? Domina la huida. Domina el escondite. Domina también la ambigüedad. Mis respetos. 

 

Cuando las esporas del maís vuelan por los aires, el sutil peso de una fina capa de tierra, ayuda a asentarlas en otras milpas para que se crucen con otras promiscuas especies. Una de sus funciones, con ayuda del aire, además de fertilizar, es polinizar. 

Sobre los carros, germinan otras semillas: “puto el que lo lea” “ya límpiame”, “lávame”.

_____________

 

EL CUERPO

 

El polvo da alergia porque es inasible. El polvo da alergia porque hace cosquillas. El polvo da alergia porque provoca una sensación de resequedad sobre la piel. El polvo da alergia porque te arranca un estornudo de vez en cuando, que le quita solemnidad a la vida. El polvo da alergia porque te saca las lágrimas que tenían que haber salido por otros motivos, pero no te atreviste a llorar en público. Tus mocos se pigmentan.

El polvo no da alergia.

 

Vuela una mota de polvo que nunca sabrás si has inhalado o no.

 

Delante del polvo, nos armamos de valor. Cuando se siente llegar el estímulo nervioso, que la decisión está tomada y que el primer paso está dado, vamos a ello. Se golpea al polvo, se lo exaspera, se lo estorba. Soplar no basta. Sacudir el polvo, es despertarlo.

Sobamos, frotamos, aspiramos, le rascamos, pulimos. 

Sacudimos cojines, limpiamos vidrios y zarandeamos tapetes hasta darlos vuelta. Entonces un mundo rebelde se eleva por los aires, vibra y se desplaza en el espacio aprovechando las corrientes. Hoy es el día del polvo.

Polvo de pelusas, de partículas que entraron por las ventanas, de lo que estaba pegado a la suela del zapato, de lo que está en la corteza de la tierra de nuestras macetas.

 

En esta danza con el polvo, se juega una suerte de pelea con trapo y obsesión, cuyo tiempo lo dictan trazos mágicos sobre superficies brillosas. El reflejo a contraluz juega un rol fundamental. Algunas veces se convierte en un arte marcial lento, una coreografía del plumero, flexible y armoniosa, casi delicada. Un Dirty Dancing sublime. 

Y en la pausa, la suspensión de una suerte de brillantina a contraluz.

Sacudir el polvo es despertarlo. 

En el instante en se considera que esa danza ha terminado, que todo está “limpio”, mientras guardamos el trapo, el polvo suspendido vuelve paulatinamente a recuperar algunos de sus lugares predilectos, posándose poco a poco y con particular disimulo, sobre las mismas superficies.

—

<<Llegan descargas invisibles, ataque artero y sin defensa; lenta dinamita microbiana; átomos en sublevación y en despecho contra toda forma organizada; la energía supernumeraria de la creación resentida de saberse inútil; venganza y venganza del polvo, lo más viejo del mundo. Último estado de la materia, que nació entre la bendición de las aguas y —a través de la viscosidad de la vida— se reduce primero a la estatuaria mineral, para estallar finalmente en esta disgregación diminuta de todo lo que existe. Microscopía de las cosas, camino de la nada; aniquilamiento sin gloria; desmoronamiento de inercias, “entropía”; venganza y venganza del polvo, lo más bajo del mundo.>>

Alfonso Reyes, Palinodia del polvo

 


[VIDEO]

 

ESPACIO EXTERIOR

 

Recientemente, una amiga me contó que cada día, alrededor de 2 toneladas de polvo entran a la atmósfera y caen sobre la superficie del planeta tierra a decenas de miles de kilómetros por hora. En algunos casos, esas partículas conocidas también como “micrometeoritos” tienen una composición rocosa, de hierro o níquel y pertenecen al sistema solar. Pero en otros, esas partículas parecen venir de más lejos, fuera del sistema solar; polvitos del espacio exterior que habitan en nuestras ciudades, tocan nuestra piel, se meten a nuestras narices y reposan sobre nuestro buró al lado de la cama. 2 toneladas de diamantinas extraterrestres de unos 4500 años.

 

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DUST BOWL

DESERTIFICACIÓN Y AGRICULTURA

 

En los años 30’s, mientras los Estados Unidos de América estaban hundidos en una depresión económica intensa, desde el midwest hasta Kansas, Texas, Colorado y Nuevo México, pasando por Arkansas, Illinois, Oklahoma, (esa franja de la que sé realmente muy poco, pero que me la imagino como “la América profunda”, (racista y religiosa)); esa región, fue sede de gigantescas tormentas de polvo. El episodio es conocido como el Dust Bowl. Después de varios años de abusar de la tierra trabajando con maquinaria pesada en los campos de maíz y trigo, cavando en exceso las capas que necesita la tierra para amarrarse a la tierra, esa región empezó un agudo proceso de desertificación. 

 

En los años 20, el gobierno había dejado de regular el precio del trigo producido en EE.UU; éste bajó, y la agricultura entró en crisis. Paradójicamente, el bajo precio del trigo estimuló un aumento de la producción, ya que los agricultores necesitaban cubrir sus costes operativos, alquileres, intereses por la nueva maquinaria recién adquirida y las hipotecas de las tierras compradas a precios exorbitantes en las épocas de bonanza. En las Grandes Llanuras el mayor granero de trigo del mundo, se siguió arando, y arando, y arando, y arando.

Ciertas supersticiones adquirieron la condición de teorías y técnicas, como el “mantillo de polvo”, o “dust mulch”, que relataba que un subsuelo firmemente compactado y una capa superficial de suelo suelta y finamente disuelta, minimizaría la pérdida de agua de las capas inferiores del terreno. También se decía: “rain follows the plow” con la convicción de que la lluvia llegaría después del arado de la tierra, por las perturbaciones atmosféricas que harían llover, que el vapor de las locomotoras de los trenes también haría llover, que detonar grandes cantidades de explosivos haría llover.

 

Eso combinado con una sequía y fuertes ráfagas de viento, produjo el levantamiento de los enormes remolinos de tierra que arrasaron regiones enteras. La población padeció laringitis, bronquitis e infecciones oculares: niños, adultos y viejos fallecieron de pulmonías del polvo. Mucho ganado se murió; las casas fueron soterradas por enormes cantidades de suelo móvil. Muchas personas tuvieron que quemar las naves e irse a otro lado en donde la sequía y el suelo fueran menos ingratos. Se pensó que era demoníaco, que seguramente era fruto del mal. De alguna manera sí lo era. Era tal vez un dios de la tierra vengándose contra la violencia de las prácticas productivas de los colonos estadounidenses, que despertaron al espíritu del desierto, el cual llegó amenazante a advertir que era mejor no molestarlo. Ese dios anda por ahí, y amenaza con despertar de nuevo. 

Era el demonio de Wall Street, el de la Primera Guerra Mundial, el del dominio del territorio y de la privatización de la tierra.

 

ALAMBRE DE PÚAS

Quisiera ir más atrás en el tiempo. Esas tierras, antes, fueron pastizales nativos habitados por pueblos originarios. Tan sólo 50 años antes, grupos de colonos recién llegados, ávidos por dominar el oeste, exterminaron a comanches y búfalos para emprender un proceso de parcelación de la tierra. Como en muchas otras partes del ,minar el territorio: pastizales silvestres nativos, convertidos en tierras de cultivo. Dakota del sur, sí, pero también todos aquellos territorios que dejaron de ser bosque o pradera para ser tierra arrasada, sin relieves, rodeadas del recién patentado alambre de púas. 

Y es que a finales del siglo XIX pasaron muchas cosas; cosas que hoy resuenan rotundas e irrevocables. El fogón de una enorme decadencia. Y una de ellas, es el desarrollo del alambre de púas que se patentó en la zona, al mismo tiempo que se patentó la máquina para fabricarlo. El dispositivo es ideal para jalonear un espacio, apropiarse un territorio, poseerlo, cerrarlo, cercarlo y excluir a los cuerpos no deseados. Con el pretexto de la agricultura y el ganado, se excluye de esas tierras a todo nómada o persona a caballo que pudieran andar galopando libremente por ahí. Se excluye pues, a los indios nativos.

Estas tribus llamarían al alambre de púas "soga del diablo", “astilla del recuerdo” o “frontera ardiente”.

Un dispositivo de una materialidad intrínsecamente violenta.

Es la traza o la prolongación material del gesto que significa no solamente el establecimiento de una propiedad privada o de una prohibición de entrada, sino que lo hace de un modo hostil y amenazador desde el comienzo; 

quien lo toca, se pincha…

La alambrada prospera y se perfecciona; y ahora la tenemos por todas partes por donde se multiplican los focos de tensión y las líneas de separación entre el “Norte” y el “Sur”, entre lo público y lo privado, entre Estados minados por los conflictos intercomunitarios y religiosos.

 

Si la imagen del alambre de púas está asociada a la de la opresión, la barbarie y la muerte, es porque su historia y desarrollo están vinculados con 3 eventos históricos trágicos que marcan la modernidad: la cuasi exterminación de los indios de América del Norte, la carnicería de la guerra de trincheras durante la primer guerra mundial y el genocidio de judíos y gitanos durante la segunda.

Quien lo toca, no sólo se pincha.

Y no porque la púa realmente mate. Ahí está su paradoja: el éxito del alambre de púas, ese ridículo hilo austero y simple, tiene más que ver con el ejercicio de un poder simbólico, un muro virtual, un dispositivo de control que con un arma peligrosa. Es como una frontera simbólica que hemos interiorizado tan efectivamente, que la ponemos en nuestras propiedades como el estado las pone en sus cárceles. Es ligero y móvil, flexible para pretender un gesto inocente y maleable. Es muy barato. Es discreto, algunas veces incluso se camuflajea, no como una fortaleza ávida por demostrar su poder. Todo lo contrario. Si tan sólo es un retén, un simple Check Point. 

Pero siempre se puede estar del lado bueno o del lado malo del alambre de púas, ¿qué significa estar del lado bueno? 

Me contaron que hay un museo sobre el alambre de púas en Kansas…

—

Volvamos a los años 30.

Se anuncia la llegada de otros vientos.

Cinco años después del martes negro de wallstreet, se vinieron domingos negros. Y no, no eran sólo desastres naturales, tormentas de polvo y sequías. En esos años, posteriores a la gran depresión, se registró un aumento más llamativo en las muertes por suicidio que por cualquier otra enfermedad. 

—

Tuve un tío francés, de familia rusa-rumana, nacido en 1942, que fue corredor de granos. Me acuerdo que negociaba, por teléfono, el trigo con otros corredores de la bolsa argentina. Luego colgaba y se le veía una sonrisota. Nunca entendimos muy bien en qué consistían las buenas noticias, pero él tenía bastante dinero.

 

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su cuerpo dejará, no su cuidado; serán ceniza, mas tendrá sentido; polvo serán, mas polvo enamorado. (Q)

 

 

ORIENTE MEDIO

 

Hay lugares que me hubiera gustado conocer algún día.

Aleppo, Parte de Beirut, la Franja de Gaza.

 

[Palabras prestadas]

“Oriente Medio se lee a través del polvo, no a través de los flujos de agua ni de los mares. El polvo abre nuevos modos de dispersión y de devenir-contagioso, inventando rutas de evacuación todavía inexploradas. Viajes espirituales, trances abreactivos, expediciones a otros mundos, las exploraciones y los caminos, incluso las misiones políticas o las tareas misteriosas con oscuros objetivos, tienen un lugar mediante el polvo y los desiertos, nunca mediante los ríos y los mares. 

Si la profunda hostilidad de Oriente Medio a asentarse, también como entidad geográfica, no puede entenderse del todo, es porque incluso su lecho terrestre, su suelo concreto se está erosionando progresivamente siempre degenerando en polvo. 

Occidente no comprende que nada hay más ordinario, habitual y perpetuo que ser reducido a polvo, y que él tam­bién es parte de este proceso. La pulverización es un aconte­cimiento telúrico de enorme alcance.

Oriente Medio perpetúa esta creatividad mediante la intensificación de su propia reducción al polvo hasta que la tierra se pueble de nuevo, sumida en inundaciones de minorías. Cuando las poblaciones y los sistemas se convierten en polvo, sacan a la luz cosas inauditas.”

Oriente Medio es la ciénaga de Polvo en la Tierra. 

Algo en curso de composición y descomposición al mismo tiempo.

 

Pienso en estas palabras dichas por un iraní. Me faltan referencias para asirlas. Me falta barrio, me falta Oriente Medio. 

Me faltan muchas claves para entender el pensamiento del desierto y su capacidad de dispersión emancipadora, de pulverización, como única posibilidad de existencia. Pero intuyo que en el desierto del norte de México surgen otras formas de pensar y de percibir el mundo, otras rebeldías. He visto esa frontera deslizarse. He visto esas púas desaparecer por momentos. 

 

Pienso que existe una relación entre las ruinas de Beirut y las de aquí. Hace algunos años, pensaba que las ruinas de Beirut naraban una guerra pasada, y las ruinas de México, una guerra por venir. Ahora tengo la impresión que esas ruinas son todo el tiempo.

 

Me contaron que en el Cairo, casi no se miran los colores. Las cosas son grises, porque todo, todo el tiempo, está siempre cubierto de una capa de polvo. En Ciudad Juárez, también, pero las cosas son cafés. Pienso en el juego entre lo que cobra forma y lo que escapa a la forma, lo que acepta una clasificación y lo que no, lo que es identificable y lo que no es asible. No es algo pero tampoco es nada. En México sabemos de caos y resequedad. De un tiempo no lineal. 

En el desierto del norte, he visto gente caminar de reversa con tal de confundir al enemigo por la dirección invertida de sus huellas.

Si fuera capaz de un discurso claro, me negaría.

 

Recuerdo el polvo del gis que resbalaba por el pizarrón cuando escribía la maestra, el tono blanquecino de sus dedos y la acumulación de cal en el bordecito del pizarrón. Eventualmente, algún chamaco preadolecente le soplaría y desataría un tormentón de residuos por el salón. También recuerdo esa nube que se desataba cuando golpeábamos el borrador contra el pizarrón, antes de que llegara el profesor al salón. Esta parecía más una bruma neblinosa que se quedaría esparcida por los aires por un rato, hasta que alguna corriente de aire se colara por el huequito del marco de la ventana mal soldado.

 

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CONSTRUCCIÓN EN LA CIUDAD DE MÉXICO

CIUDAD Y CAMPO

Para construir la Ciudad de México, hay mucho que romper. Cerros enteros que desgajar, materiales que acarrear del campo o de la periferia hacia el centro. Se arman ciudades, se levantan muros, se simula el concreto como si éste fuera permanente y definitivo. Pero todo eso en realidad, regresará a la periferia, como cascajo o como basura, como muchos de los cuerpos que armaron todo, regresarán a la periferia. En los centros de nuestras modernas ciudades estériles, miramos al polvo como algo que no nos pertenece, o algo que no quisiéramos tan cerca, como si no cagáramos. En el campo el polvo es tierra. En la ciudad, el polvo es una mierda, decimos.

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FOTOGRAFÍA 

El polvo es presencia y memoria.

Hace unos cien años, un hombre dejó la ventana de su estudio abierta mientras estaba de viaje en otro continente. Al cabo de un año, ya de regreso, le propuso a su amigo fotógrafo que registrara el vidrio de su escritorio que se había convertido en una especie de mapa particular. Un mapa en el que las fronteras no eran continuas, y en el que se dibujaban relieves de diversas alturas y densidades. Alguno que otro pelo, unas alas quebradizas de insecto volador, pelusas y tierra. Esa tierra que el viento pudo levantar.

Este mapa pasó desapercibido durante muchos años, hasta que la imagen apareció en la portada de una revista de poesía en Estados Unidos. No se sabía si la autoría de la obra era del hombre del escritorio, o del fotógrafo. La imagen cruzó el Atlántico muchas veces, y aunque parecía no tener mayor resonancia, hoy está en el Met.

La fotografía se llama “Élevage de la poussière”, es decir, “criadero de polvo”, aunque la palabra “élevage”, suena sospechosamente parecida a la palabra elevación.

El polvo recoge polvo.

 

Mi otro tío, el hermano del francés, de familia rusa-rumana, pero que nació en 1944, me recordó hace poco que por algo las personas no tenemos raíces, tenemos pies.

Bienvenidas al club de las desarraigadas.

foto Ivan Ontiveros foto Valeria Macías

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